Historia
Fundadores
Símbolos
Obras
Saludo
Hacia el futuro
Fotos del centenario
Historia

Historia de una congregación
por Bianchi Marilin Edith

 

     El Instituto de la Sagrada Familia de Nazareth, tuvo su origen en la Argentina. San Juan, tierra llena de  sol y de viñedos y habilitada por hombres y mujeres tenaces, aferradas al suelo que los vio nacer y que aunque a veces éste se muestre agreste y duro, pedregoso  e inestable, no lo abandonan por el peligro, ni po r el riesgo ni la pobreza que puede sobrevenirles: saben que el amor es capaz de afrontarlo y también, de perderlo todo. ¡Pero, no les importa lo material ni lo perecedero!...

     Esta es la cuna de nuestro Instituto Religioso que nació el 12 de Abril de 1905 y que está llamado a desempeñar una misión en el seno de la Iglesia.

     Sus fundadores fueron el entonces Obispo de Cuyo Monseñor Dr. Marcolino del Carmelo Benavente y la Madre Teresa de Jesús Sánchez.

     Monseñor Benavente
, Sacerdote y Religioso Dominico, “Fray Marcolino” al decir de entonces, erudito e inteligente, elogiado como el más grande orador de su tiempo, tuvo destacada actuación en su época. A él se le debe el proyecto de erigir en la cumbre de los Andes, la estatua del Cristo Redentor, proyecto que fue acogido universalmente y que se llevó felizmente a cabo. Sucedió en la diócesis de San Juan de Cuyo al Obispo Achával.

     Nació en San Antonio de Areco (Bs. As.), el 17 de agosto de 1845, de padres muy piadosos. Lo contaron entre sus mejores alumnos los colegios de Larsen, el Plata y el Jordán.

     Ingreso en la orden dominicana y se ordenó de sacerdote en 1868. Se distinguió muy pronto como notable orador. En ocasión del jubileo sacerdotal de León XIII, el gobierno argentino le confió la misión de embajador especial de Su Santidad y fue condecorado por el presidente Mitre. El mismo León XIII lo consideró apóstol activo y le obsequió un anillo y el birrete de los predicadores.

     Implantó en nuestro país la institución de los Padres Docentes, la que tuvo como sede el Colegio Lacordaire de Buenos aires.

     El 12 de marzo de 1899 fue elevado al episcopado; recibió la consagración de manos de l arzobispo de Buenos Aires, Mons. Dr. Castellanos. En Cuyo se desempeñó como celoso y abnegado Pastor.

     Con la realización de su iniciativa de levantar en la cumbre de los Andes la estatua del Cristo Redentor, como sello de paz y concordia entre chilenos y argentinos, y con la fundación del Instituto de las Hermanas de la Sagrada Familia de Nazareth, se realizaron dos de sus más ardientes aspiraciones.

     Falleció el 28 de setiembre de 1910. Su recuerdo se perpetuo en la estatua que se levanta en el atrio de la basílica de Santo Domingo de la Capital Federal. Sus restos descansan en la Catedral de San Juan.

Madre Teresa
     Forjadora de una familia en la tierra, junto a Monseñor Benavente debió forjar, además el espíritu de otra familia, un instituto argentino, su familia espiritual. Así comenzó este camino de gracia del Señor, en medio de nuestro pueblo y en su momento histórico bastante complicado, debido a las tensiones entre Chile y Argentina.

Su historia
     
Teresa de Jesús Sánchez,  sumisa a la voluntad de Dios, que se le expreso en la voz de su confesor y director, se casó y tuvo cinco hijos: dos fallecieren y tres se hicieron sacerdotes (Francisco, Rubén y Julio Agüero).Cuando falleció su esposo creyó legada la hora de poder realizar su deseo largamente acariciado. Se despojó de cuantos bienes materiales poseía en la tierra, y después de algunos intentos de ingresar en institutos religiosos de la zona se dirigió al nuevo obispo de su diócesis, Mons. Dr. Marcolino Benavente, para saludarlo y solicitar su bendición y consejo.

La fundación
     Monseñor Benavente la escucho bondadosamente y le manifestó los comiunes deseos de S.S. Pío X y los propios, en la creación de un nuevo instituto. Más: le mando reunir sus anteriores compañeras de ideal y la instó a preparar sus espíritus para la obra que les preparaba la Providencia.

     El 15 de Octubre de 1900, Las Nazarenas, como cariñosamente las llamaría más tarde el glorioso fundador, celebrada la Santa Misa, se presentaron al señor obispo y padre para dar comienzo a la nueva obra.

     Desde este día, el Pastor de Cuyo fue hermanando en el corazón de sus hijas la vocación de Marta y Maria: Amor y trabajo.

     Su devoción y amor a la Sagrada Familia fue entrañable y se lo quiso infundir a ellas. Bajo su inteligente mirada, comenzaron su nueva tarea y se esforzaron por adaptarse a la vida religiosa según su nuevo espirítu: sencillez, alegría, fervor, vida de familia y espíritu de oración , fueron palabras repetidas continuamente por el fundador y que constituyen el carisma del instituto.

     Después de cuatro años de postulantado, el 12 de abril de 1905, el novel instituto religioso con la vestición de hábito de las siete primeras novicias, surgió a una promisoria y fecunda vida en el fértil suelo sanjuanino. Seis de las primeras novicias habrian de profesar, después de un año de preparación, el 19 de abril de 1906.

     Pruebas y obstáculos sellaron también los comienzos de esta obra: el 28 de setiembre de 1910, falleció el fundador del instituto que solo contaba cinco años de existencia. Pero la formación espiritual de las hermanas había sido intensa. La Madre Fundadora había aprendido de su buen maestro algo que las Hermanas recuerdan mucho en el presente: armonizar la severidad de la ascética con la alegría y juventud del espíritu.

Crecimiento
     
Ya tenía pujanza la obra apostólica emprendida por inspiración del santo obispo. La casa madre de San Juan se había convertido en un taller catequístico, donde se combinaba el trabajo manual con la formación religiosa y doctrinal.

     Las Hermanas comenzaron a desplegar su maravillosa tarea de apostolado: en la localidad de La Bebida, en la Escuela Práctica de la Sagrada Familia de Nazareth, en su primer internado, en el templo y vecindario de Santo Domingo, en la parroquia de la Merced, en la capital de la provincia y otros centros importantes en los departamentos de Concepción, Desamparados, Trinidad y Santa Lucia. De los centros catequísticos nacieron colegios, talleres e internados a los que el espíritu de la Congregación imprimió un sello peculiar.

     Y así se fue extendiendo la obra de la congregación: San Rafael (Mendoza), Rivadavia (Mendoza), Chile y, por ultimo, la Capital Federal.

     Andando los años, se traslado el noviciado a la Capital para favorecer (encontrando mayores recursos para ello) la formación de las religiosas. También tomó a su cargo hospitales y hogares de ancianos de ambos sexos, como los de Ramallo y San Nicolás, en la provincia de Buenos Aires y más tarde, en otras provincias.

     La Madre Teresa, cuya salud se había ido quebrantando poco a poco, con el propósito de arraigar a sus religiosas en territorio de otras diócesis, atendió los pedidos llegados de lugares lejanos e instaló allí, con tesón, sus pequeñas comunidades.

     Tuvo fe en la mano providente de Dios sobre la vitalidad de su congregación, y así, muchas de aquellas  primeras Hermanas en la obra vieron como la provincia de Buenos Aires albergaba a numerosas comunidades nazarenas.

Fallecimiento de la Madre Fundadora
    
Llegó el año 1929. El instituto contaba ya con numerosas casas. Dios reclamó junto a Sí a su fiel sierva.

     La M. Teresa falleció el 20de enero de 1929 en la ciudad de San Juan. A su muerte se siguieron realizando  fundaciones. Hoy el Instituto cuenta con numerosas casas en distintas provincias.

El Instituto
     
Desde su origen hasta el presente, la obra primordial de la congregación ha sido la evangelización en cualquiera de sus modalidades  y niveles, y sobre todo, la catequesis, a la que se abocaron con exclusividad sus primeras religiosas.

     Cabe añadir que de la preocupación por los pobres y necesitados, surgió en el alma de su fundador el deseo de fundar una nueva congregación, que tuviera como finalidad “ L a enseñanza  práctica de las niñas y jóvenes de toda condición y la atención y asistencia de los necesitados”. Las nazarenas son presencia activa en todos los campos de apostolado: infancia, niñez, juventud, edad madura, ancianidad…

     Se las puede encontrar, y de hecho las encontramos, en casas cuna, colegios, jardines de infantes, escuelas primarias, secundarias y de nivel terciario, en talleres, academias, oratorios, centros catequísticos, pensionados, como también en sanatorios, hospitales, hogares de niñas y de ancianos de ambos sexos y colaborando apostólicamente en parroquias y en tareas misionales.

     Además, por la índole del instituto, deben estar abiertas para aceptar y comprometerse con toda nueva forma de apostolado que les proponga la Iglesia.